miércoles, marzo 02, 2005

Serpientes Y Escaleras

Eolo Pacheco

Este miércoles está citado Eduardo Becerra a declarar a la Siedo. El efecto que sobre la administración del cambio y los candidatos del PAN puede dejar su figura es peligroso. No se trata del futuro individual de una persona, sino del efecto político que sobre un proyecto de gobierno representan los actos de un ex funcionario. La cosa está que arde.

Efecto Becerra
La exhibición pública del audio en donde el ex comandante de la Policía Ministerial Alberto Pliego Fuentes dice que el ex secretario de gobierno Eduardo Becerra Pérez le solicitó recaudar “ apoyos ” económicos para el gobierno, que supuestamente provendrían del narcotráfico, puede ser la antesala de otro escándalo en el seno del panismo morelense. Aunque se trata de un asunto conocido , la reanudación del narcodebate aviva la molestia que existe sobre el desempeño del funcionario y la protección que se presume sigue recibiendo de parte del PAN. Sí los panistas no cuidan su estrategia y miden sus acciones, escándalos como el de Becerra pueden marcar la diferencia en la siguiente elección .
El narcotráfico es desde hace mucho tiempo uno de los temas más sensibles para la población y de los que más daño causan a las estructuras gubernamentales. La inclusión de los cárteles de la droga en los tres niveles de gobierno de todos los partidos políticos, comienza a describirse por algunos como la colombianización de la política mexicana.
En Morelos la presencia del narco mostró signos de existencia en la época de Lauro Ortega y luego con mayor intensidad en el sexenio de Antonio Riva Palacio. Con Jorge Carrillo Olea las cosas se salieron de control y se habló de la protección gubernamental a capos , quienes habrían tomado a Morelos (y en lo particular a Cuernavaca) como lugar de tránsito de su mercancía y de descanso para ellos y para sus familias. Se trataba, decían, de un lugar atractivo por el clima, estratégico por su ubicación y seguro por la complicidad de las autoridades.
Las cosas no cambiaron con la alternancia política y contrariamente el asunto comenzó a tornarse grave . De lugar de descanso y tránsito se pasó a mercado de distribución y consumo , lo que impacta con rudeza a la población, particularmente a sectores de menor edad, en donde la influencia de los estupefacientes llega con más rapidez y facilidad. La relación gobierno-narcotrafico no se rompió (sólo cambió de actores) y la inestabilidad política del arranque del sexenio dio a las bandas delictivas un momento propicio para incrustarse en los círculos políticos del nuevo gobierno y para generar compromisos con algunos de sus actores principales.
Lo que se tiene que analizar no es el destino de un personaje de la vida pública (Eduardo Becerra), sino la aplicación de un modelo político ineficiente, una estructura vulnerable y un partido coludido por omisión. Las acusaciones vertidas (y escuchadas) hacia el ex secretario de gobierno son graves no sólo porque advierten la relación que existe entre dicho sujeto y los cárteles de la droga , sino porque demuestra que dentro del mismo equipo gubernamental existía (¿existe?) una suerte de cártel político que corrompe o destruye .
Entiéndase lo de Becerra como un tema delicado en la agenda electoral , que por un lado lastima a la sociedad (por el consumo masivo de droga y las derivaciones de violencia e inseguridad que trae consigo este fenómeno); y por otro forma parte del debate político , desgasta a las instituciones e inhibe la participación ciudadana en asuntos cívicos.
Abstraerse del tema, suponer que será el tiempo (como siempre en la estrategia oficial) el que curará las heridas sociales y dejar a la suerte el destino electoral de un partido, es tanto como arriesgar por un solo hombre el proyecto político de mucha gente. Se trata de una apuesta peligrosa, sobre todo, porque el personaje en cuestión hizo gala de su prepotencia como secretario, exhibe su nueva riqueza como ex funcionario y se engolosina al decirse seguro por la protección del gobierno y del partido del gobierno.
El tema va a dar muchas vueltas antes de que la PGR determine actuar en contra del personaje en cuestión. El análisis debe hacerse en función del tiempo que transcurra entre la investigación y la determinación jurídica, pues ese espacio será utilizado por los políticos de oposición para reiterar la descomposición del régimen y será reproducido (por su impacto social) por los medios de comunicación.
El juicio público sobre Eduardo Becerra ha comenzado a hacerse desde hace tiempo y está entrando a una etapa delicada, en la que las acciones y supuestos vínculos ilícitos comenzarán a notarse con más intensidad y a conocerse por más gente. Alberto Pliego lo señala directamente por su petición de recaudar “ donativos ” que el mismo policía advierte serían del narcotráfico y por intentar “ romperle la madre ” a un miembro del gabinete (José Luis Urióstegui).
Becerra Pérez forma parte de la agenda electoral como una pieza sólida en el discurso opositor, como un ejemplo de lo que se hizo en la administración del cambio y por lo que como partido comprometido con la sociedad el PAN ha dejado de hacer. No se trata, como el bohemio Oscar Sergio lo supone, de un hecho aislado en el quehacer político, sino de la confirmación de que el PAN exige honestidad y compromiso sólo a aquellos que no están dentro de su clan.
Becerra Pérez va a estar presente en el discurso opositor y va a aparecer en la publicidad de las campañas; igual que Carrillo ocupó un sitio preponderante en el esquema propagandístico de Acción Nacional en el dos mil, Agustín Montiel , Eduardo Becerra y Alberto Pliego servirán de elemento iconográfico para recordarle al electorado algunos de los pasajes negros del sexenio.
Deslindarse a tiempo es la mejor alternativa para los panistas; igual para quienes protegen a Becerra por amistad, que para quienes lo hacen por interés económico o estrategia electoral. Por circunstancias que van más allá de su nombre y figura, Eduardo Becerra es un signo de alerta roja en la agenda electoral del PAN.
posdata
Este día Eduardo Becerra está citado a comparecer a la Siedo por las imputaciones que le hizo en su declaración preparatoria Alberto Pliego Fuentes, ex coordinador de la Policía Ministerial de Morelos, actualmente recluido en La Palma por sus presuntos nexos con la delincuencia organizada. Becerra Pérez acude en calidad de indiciado (lo cual quiere decir que hay indicios en su contra respecto a un delito, lo cual lo vuelve probable responsable), igual que en su momento acudió Montiel y ya no salió. Lo más seguro es que antes de acudir a la cita a la sede de la PGR en el DF, el ex secretario de gobierno prepare su defensa y trate de indagar algo de lo que le podrían preguntar en dicha diligencia; o sea que lo más probable es que no irá. Ello, empero, no lo exime de responsabilidad y por el contrario, lo mete a una vorágine peligrosa de pronóstico reservado. Eduardo Becerra es llamado a declarar como parte de la defensa de Alberto Pliego (quien acusa directamente a Becerra de ser el que le solicita recoja los “ donativos ” que presuntamente provendrían del narco). Los abogados de Pliego solicitaron también que se amplíe la declaración de Agustín Montiel y de Raúl Cortés, acto que tendrá lugar el día de hoy en el juzgado de Toluca. Al final puede que de todo este embrollo no resulte nada, pero el susto a los que directa o indirectamente están involucrados no se los quita nadie.
nota
La revisión de las cuentas públicas municipales ha generado un nuevo enfrentamiento entre partidos. La sospecha de que las irregularidades cometidas en algunas administraciones no están siendo juzgadas de la misma manera ha desatado un nuevo choque entre fracciones parlamentarias. Hay fallas en las finanzas de gobiernos emanados de los tres partidos, aunque en el caso panista el hecho se vuelve más sensible por el impacto social que tiene la capital en la carrera por la sucesión. El choque de fuerzas entre grupos políticos no para y va a aumentar conforme se acerquen los tiempos electorales. Frente a ello vale decir que el carácter pendenciero con que se conduce el presidente del PAN en Morelos nada bueno trae a su partido. Las exclamaciones violentas que con frecuencia hace Oscar Sergio Hernández Benítez en contra de todo lo que no opine como él, no ayudan a encontrar puntos de acuerdo y por el contrario, tensan la relación parlamentaria y la vida política estatal. Desde hace mucho OS Hernández y su incontinencia verbal se han convertido en los bombarderos políticos de la administración, en guaruras del régimen y en una dupla (él y su lengua) cuyo rol se reduce a gritar cuando no puede convencer. Contra la serenidad que caracteriza a otros personajes de la misma cepa, postura del dirigente panista es bélica, irreflexiva e incongruente; según él todo en la oposición es malo y todo dentro del PAN es puro (¿puro qué?). Más que un hombre de modales refinados, Oscar Sergio se está convirtiendo en un político de morrales atascados de compromisos. ¿Dónde quedó el Oscar Sergio Hernández pensante, inteligente y sensato?.
post it
Propone Juan Salgado que se reduzca de 90 a 45 días el aguinaldo a funcionarios. Ello significa muchos millones de pesos de ahorro por concepto de bonos burocráticos. La iniciativa tiene que pasar por el congreso, aunque su validación social está fuera de dudas. ¿O alguien está de acuerdo, descontando a los trabajadores de gobierno, que los funcionarios se lleven cada año tres meses de sueldo?. Yo no.

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