Agustín Montiel tenía consigna contra los periodistas
Agustín Montiel López, el tristemente célebre ex coordinador de la Policía Ministerial de Morelos pretendía lograr el control absoluto del gremio periodístico, ya fuera mediante la detención de reporteros para exhibirlos como delincuentes, o a través de regalos, favores e incluso dinero en efectivo.
Con “El Sincler” en el Penal de La Palma, quienes fueron sus colaboradores cercanos ya se atreven a hablar de la forma de trabajar de su ex jefe, quien tenía la creencia de que no hay periodista honesto y que todos tienen su precio.
Por eso, refiere, lo primero que hizo fue mandar checar los coches de todos los reporteros para detectar aquellos que tuvieran problemas legales, sobre todo de aquellos que se distinguían por escribir en contra del gobernador Sergio Estrada Cajigal.
En una ocasión encaró a un corresponsal en la misma sala de prensa de la Procuraduría. “¿Por qué andas escribiendo pendejadas… si a ti también te he dado tu lanita”, le increpó.
La detención del reportero Sergio Gómez Guerra, de “La Unión de Morelos”, fue fortuita, ya que éste acudió a recoger un vehículo que la Policía de Tránsito de Temixco le había detenido por circular sin placas, pero cuando Montiel se enteró de que el propietario era un periodista de La Unión, ordenó que lo detuvieran de inmediato.
Días antes, un reportaje de ese medio informativo había evidenciado la protección que el jefe de la Policía brindaba a uno de sus elementos que al mismo tiempo era miembro de una banda de secuestradores en el Estado de México.
Según refieren ex colaboradores, lo primero que hizo Montiel al saber de la detención fue avisarle al gobernador, aún antes que al procurador en turno, Irineo Islas. “Montiel se lo ofreció al gobernador”, recuerdan, y al parecer la orden fue hundirlo, porque el entonces director de la Policía Ministerial de la zona metropolitana, Luis Alain Pano Vega, lo sometió a un interrogatorio tratando de implicarlo en el robo de otros vehículos.
A los reporteros que acudieron esa misma noche a abogar por Gómez Guerra, Montiel les dijo que no habría problemas, que se resolverían los trámites necesarios y que saldría libre, que no sería bajado a separos y que permanecería en la guardia, pero en cuanto se retiró el reportero fue bajado a las celdas y obligado a hacer la limpieza de las mismas.
Sergio Gómez Guerra fue dejado en libertad bajo fianza a las 48 horas y absuelto un año después, evidenciando así que se trató de la fabricación de un delito. Según refieren sus ex colaboradores, varios periodistas más o sus familiares sufrieron lo mismo, pero no siempre fueron consignados.
El caso de Esther Martínez fue diferente porque aquí sí había orden de presentación librada por un juez penal. Sin embargo, Montiel asignó a un grupo encabezado por un comandante de apellido Sámano para “cazarla” en la vía pública cuando podía haber hablado con ella para recomendarle que acudiera a resolver el asunto en el Juzgado.
De esa forma, Montiel siempre sostuvo que, en ambos casos, había elementos para detener a los dos reporteros.
El allanamiento a la casa del reportero Jorge Medina Palomino fue un “error” de un grupo de agentes y “madrinas” que se encargaban de “bailar” a vendedores de droga al menudeo. Simplemente les dieron mal el domicilio, lo que les valió una regañada del jefe Montiel. Aún así, trató de proteger a los elementos dándoles oportunidad de que se cambiaran de ropa y se rasuraran antes de pasar a la cámara de Gessel para ser confrontados con las víctimas.
Los periodistas que gozaban del aprecio (o temor) de Agustín Montiel, siempre tuvieron un trato especial. Desayunos, comidas, cenas y cuentas pagadas en centros nocturnos, así como dinero en efectivo, era el precio por ocultar las actividades ilícitas del entonces jefe de la Policía Ministerial.
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