Cumplió una década el metanolazo que mando a la tumba a varios bebedores en la zona sur y en todo Morelos
El 12 de diciembre de 1994, Antonio Trujeque Ballesteros, un “teporocho” de la colonia Lázaro Cárdenas, ubicada en los límites entre Temixco y Cuernavaca, llegó al amanecer a su casa con una botella de mezcal “Kiko“ en las manos. Había comenzado, como todos los años, el “maratón Guadalupe Reyes”, como se le llama al periodo comprendido entre la celebración a la virgen de Guadalupe y hasta el Día de Reyes.
A su esposa no le extrañó que don Toño llegara tambaléndose y diciendo barbaridades, pues era ya un tomador consuetudinario. Pero en esta ocasión, dijo algo que nunca antes había escuchado: “Me siento mal, como que se me está nublando la vista”, se quejó.
Las “crudas” del teporocho eran terribles, a veces llegaba hasta el “delirium tremens” pero después se le quitaba y volvía a tomar, a veces mezcal del más barato o simplemente alcohol del que venden en la farmacia con refresco o té de hojitas de naranjo.
En esta ocasión comenzó a vomitar y a temblar, pero lo peor es que la última vez que pidió ir al baño ya tuvieron que llevarlo sus nietos porque había perdido totalmente la vista. “Esto ya no me está gustando, hay que llevarlo al hospital”, sugirió su mujer.
Así lo hicieron, lo internaron en el Hospital General y sus familiares esperaron afuera. Horas después, salió un médico para decirles que don Antonio había muerto, probablemente por congestión alcohólica.
Lo más extraño es que a las afueras del hospital vieron a familias conocidas también esperando. “Mi esposo también está allá adentro, dice que no puede ver”, confió a una nieta de don Antonio una de las señoras sentada en la sala de espera del nosocomio.
El 13 de diciembre, los reporteros que cubren la nota roja se encontraron con la novedad de que había cinco levantamientos de cadáver en circunstancias similares: referían haber tomado bebidas embriagantes en Temixco y como primer síntoma la pérdida de la vista.
Por ello las notas de ocho columnas del siguiente día hicieron referencia a esas muertes.
El origen del “metanolazo”
Sergio Díaz, el más joven de la dinastía Díaz Rubio, dedicada a la fabricación de bebidas embriagantes desde hace décadas en la calle Virginia Fábregas de la colonia Presidentes, en Temixco, llegó con el rostro desencajado y un periódico en las manos.
“¡esto ya valió madres!”, le espetó a su primo Alejandro mientras le mostraba la nota que hablaba de varios muertos en Temixco por ingerir bebidas adulteradas.
Ambos sabían que era su responsabilidad. Sergio y Alejandro eran los que directamente se encargaban de la empresa destiladora propiedad de la familia. En diciembre de 1994, un señor al que conocían como don "Chano" Flores, vecino de la colonia Lomas del Carril, fue a ofrecerles unos tambos de alcohol a precio muy por abajo del normal.
Don Chano tenía dos hijos militares, quienes custodiaban una petroquímica en el estado de México. Ellos fueron los que consiguieron los dos tambos de metanol y se lo regalaron a su padre para que éste los vendiera.
A pesar de que el alcohol "olía a llanta nueva" (refieren los trabajadores) y que Guillermo Díaz -padre de Sergio- les advirtió que no utilizaran eso porque olía muy feo, los dos jóvenes lo mezclaron y embotellaron como mezcal.
Recuerdan los ex empleados que cuando se enteraron de que se estaba muriendo la gente en la colonia Lázaro Cárdenas (donde le distribuían mezcal a María Gaspar a través de Diego Cardoso) se llenaron de pánico y comenzaron a recorrer las vinaterías y lugares donde lo habían distribuido. Comenzaron por el rumbo de Miacatlán, pero cuando regresaron ya los andaba buscando la Policía, por lo que decidieron huir a Monterrey.
El “metanolazo” se convirtió en noticia nacional.
El primer y último reporte oficial de la Procuraduría de Justicia del estado sobre el número de víctimas de la intoxicación masiva por ingestión de metanol, el 13 de diciembre de 1994, reconocía 26 decesos "y presumiblemente dos más"; tres días después el Servicio Médico Forense registraba 46, pero la cifra "extraoficial" que manejaron los medios de comunicación siguió creciendo hasta rebasar el centenar de muertos, incluyendo cinco en la comunidad de Parres, Distrito Federal.
A diez años de distancia, nadie sabe exactamente cuántas víctimas provocó el metanol, pues la cifra real “se infló” con otros decesos relacionados con la ingesta de alcohol en Morelos y estados circunvecinos, pero no se comprobó que hubieran tomado metanol.
Los detenidos
El 27 de diciembre, por la presión ejercida por los medios de comunicación, Guillermo Díaz Rubio y su hijo Sergio Díaz Gamboa se entregaron a las autoridades federales en Monterrey. La Procuraduría General de la República atrajo el caso y continuó con las investigaciones.
Posteriormente fue detenido Luis Federico Díaz Rubio, hermano de Guillermo y copropietario de la destilería. Su hijo Alejandro logró evadir la acción de la justicia hasta la fecha.
También fueron detenidos María Gaspar Morales, Juan Vicario Coquet y Enrique Mojica, comerciantes que adquirieron los productos de los Díaz Rubio y los comercializaron.
Todos salieron libres bajo fianza.
Los enredos jurídicos
Como ya se había mencionado, en los medios de comunicación se llegaron a contar más de cien víctimas del “metanolazo”, pero legalmente, el número de personas cuyos familiares tenían derecho a la reparación del daño no rebasaba los 25, aunque por cuestiones técnico-jurídicas el número de víctimas jurídicamente reconocidas fue todavía menor.
La razón es que la muerte de estas personas por ingerir metanol "no fue jurídicamente comprobable".
Por ejemplo, Antonio Trujeque Ballesteros formó parte de la "lista oficial de fallecidos por la intoxicación colectiva"dada a conocer por el gobierno estatal. Sin embargo, la necropsia practicada a su cuerpo dice:
"Configuración cerebro-anatómica normal, con congestión vascular generalizada del exterior, el corte de ambos, de aspecto normal, sin síntomas de fractura, con pulmones distendidos congestivos con abundante escurrimiento hemático obscuro, estómago con escaso contenido de líquido verdoso, con olor característico a alcohol, mucosa muy despulida hemorrágica y con múltiples úlceras".
"Antonio Trujeque Ballesteros falleció por congestión vascular generalizada, consecutiva de la ingesta crónica de alcohol, gastritis ulcerativa hemorrágica.".
En ninguna parte del documento señala que haya muerto por ingerir metanol, y para demostrarlo tendrían que hacer un peritaje químico y médico que mostrara que esos daños al organismo se producen única y exclusivamente por ingerir metanol.
Asimismo, de los muertos que se mencionan en el expediente, sólo hay cuatro en los que se pudo probar la existencia de la sustancia conocida como metanol en su organismo. En el resto, la única "prueba" fue el testimonio de los familiares de los occisos, quienes declararon que éstos ingirieron alguna de las bebidas (Kiko, Caña Veral y Apsa) proveniente de la fábrica de los Díaz Rubio y como consecuencia de ello perdieron la vida.
La promesa de una investigación “a fondo”
En la Procuraduría General de la República, delegación Morelos, la averiguación previa 714/94 fue iniciada por el entonces delegado Humberto Fernández de Lara Ruíz, quien en su primera entrevista afirmó que al parecer, la intoxicación colectiva con metanol sería la hebra que permitiría descubrir toda la red de falsificadores de bebidas en el país, negocio que genera millones de ganancias en perjuicio de las marcas registradas.
Fernández de Lara Ruíz, ex procurador de Justicia de su natal Puebla y "sin compromisos en Morelos", había prometido una investigación "a fondo". Sin cortapisas, fue el primero en hablar de la posibilidad de que autoridades municipales y estatales hubieran incurrido en la protección de las empresas productoras de mezcal adulterado.
Prometió que al concluír la investigación quedarían contestadas las siguientes preguntas: ¿cuántas personas o familias manejan la fabricación de bebidas adulteradas en Morelos? ¿Quién los surtía de alcohol? ¿Bajo qué normas sanitarias se fabricaban las bebidas? ¿Qué tipo de bebidas se adulteraban?¿Qué personas o empresas se encargaban de distribuír las etiquetas para las botellas?
Unas semanas más tarde Fernández de Lara fue removido del cargo y su lugar fue ocupado por Antonio Agüero Licea.
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